
Arresto de los hermanos Silvera. Ambos confesaron haber ahorcado
a la víctima con una bufanda
El Crimen de la estancia "La Ternera"
Capítulo final
El dïa anterior al juicio, un editorialista del diario opositor " El Païs" que firmaba " Luz y Fer ", se permitía dudar de la ecuanimidad del resultado y con visión de las circunstancias, se preocupaba en lo que podïa opinar al respecto la posteridad, es decir quienes como todos nosotros, estamos examinando el caso setenta años después" José Saravia, el vencedor de toda cosa, está de nuevo trabado en lucha cuerpo a cuerpo con la justicia.
Es la etapa final de un largo proceso que será un invalorable documento sociológico para el futuro.
¿ Vencerá ota vez ese anciano tozudo, malo y trágico?
El juicio por jurado, el último realizado en nuestro país, dió comienzo el 2 de agosto de 1937 y pronunció su veredicto cinco dïas después.
Antonio Silvera, la persona de confianza que de acuerdo con su confesión había contratado por indicación del propio Saravia a dos sobrinos para cometer el crimen, lucía socarrón y sobrador. Octavilio Silvera se había dejado un bigote finito y llevaba lentes oscuros. Su hermano menor Orcilio era el único que aparentaba real tristeza y arrepentimiento. La restante inculpada confesa, la doméstica de la estancia Martina Silva que había acusado a Saravia de proporcionarle cianuro para asesinar a su esposa, había fallecido poco tiempo atrás.
Luego de un debate que demandó varios días, en el que el Fiscal y defensor volvieron a enfrentarse, el jurado, integrado por ocho hombres (los derechos de las mujeres estaban muy limitados, y recién votaron por primera vez en las elecciones del año siguiente) dictaminó por unanimidad:
4) Que aún cuando existen graves presunciones de que los encausados Octavilio y Orcilio Silvera cometieron el delito instigados por una tercera persona y bajo promesa de juicio, no resulta esto a juicio del jurado suficientemente probado.
5) Que si bien existen serias presunciones de que el procesado José Saravia fué el instigador de la muerte de su esposa doña Jacinta Correa y de que el también procesado Antonio Silvera obró como mediador entre el mencionado Saravia y los hermanos Octalivio y Orcilio, estas presunciones no constituyen a juicio del jurado prueba acabada de la intervención que se le imputa. La opinión unánime del jurado popular, tuvo más fuerza que la de los miembros del Tribunal de Primer Turno doctores Ernesto Llovet, Melitón Romero y Juan M. Minelli quienes firmaron el fallo discordes. En otras palabras, que una norma legal hizo que ocho personas ignorantes en materia jurídica impusieran su voluntad a tres profesores de Derecho que representaban a la justicia. José Saravia fué liberado y falleció poco tiempo después. Antonio Sivera y sus dos sobrinos tuvieron que padecer varios años de cárcel.
Las dudas acerca de la culpabilidad del estanciero siempre quedaron pendientes. Todos los actores lo acusaron, coincidiendo hasta en los menores detalles, pero el jurado adujo que eso no era suficiente. Sin embargo eliminado Saravia como instigador del crimen, quedaba viva una pregunta fundamental :
¿ qué motivos habían tenido los asesinos para cometerlo?
Habían entrado, sacado a la fuerza a una anciana a quien no conocían, la habían asesinado y se habían ido sin robar nada, pese a tener todo a su disposición.
Salvo por una motivación exógena, el homicida no tenía menor justificación. Tres meses después, obedeciendo a un indignado clamor popular el Poder Legislativo derogó la ley que establecía la citación de los jurados.
La discusión jurídica alrededor del tema todavía continúa en varias partes del mundo. En nuestro país, finalizó el 27 diciembre de 1937 a las 19 y 30 al cerrarse el debate en la Cámara de Senadores sin ningún voto en contra. Costó un asesinato por encargo y la libertad de un poderoso caudillo político rural
Por: Cesar Di Candia
|