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Volumen
2


EDITORIAL
En
la mañana al levantarnos, el primer rostro que reconocemos
es el nuestro, es la imagen que nos devuelve el espejo. En algún
documento de identidad o en una foto cualquiera - por accidente
o casualidad - vemos nuestro perfil y entonces nos quedamos unos
momentos observándonos.
Nos vemos raros, extraños, tan pocas veces tenemos esa visión
de nosotros mismos.
¿Y
saben por qué?, porque los que nos ven siempre de perfil
son los demás, esos que pasan a nuestro lado sin detenerse,
mirando de soslayo o en el momento que estamos distraídos.
El
perfil no es nuestro, es de los demás. En este arco iris
de razas, de pueblos en el mundo, muchas veces nos confunden pensando
que somos todos iguales. Sin embargo somos tan distintos en algunas
cosas, de ahí es desde donde parten todas las dificultades,
todas las penurias y esa sonrisa nuestra que ya nunca volverá
a ser la misma. Mario Benedetti en su novela "La Tregua"
y en el momento que su personaje Martín Santomé esta
sentado en un banco de la Plaza Matriz, a través de sus pensamientos
nos deja esto..." Creo que nunca, hasta ahora, había
sido consciente de la presencia de la Plaza Matriz. Debo haberla
cruzado mil veces, quizá maldije en otras tantas ocasiones
el desvío que hay que hacer para rodear la fuente. La he
visto antes, claro que la he visto, pero no me había detenido
a observarla, a sentirla, a extraer su carácter y reconocerlo.
Estuve un buen rato contemplando el alma agresivamente sólida
del Cabildo, el rostro hipócritamente lavado de la Catedral,
el desalentado cabeceo de los árboles. Creo que en ese momento
se me afirmó definitivamente una convicción: soy de
este sitio, de esta ciudad. En esto (es probable que en nada más)
creo que debo ser un fatalista.
Cada
uno ES de un solo sitio en la tierra y allí debe pagar su
cuota. Yo soy de aquí. Aquí pago mi cuota. Ese que
pasa (el del sobretodo largo, la oreja salida, la renguera rabiosa)
ése es mi semejante. Todavía ignora que yo existo,
pero un día me verá, de frente, de perfil o de espaldas
y tendrá la sensación de que entre nosotros hay algo
secreto, un recóndito lazo que nos une, que nos da fuerzas
para entendernos. O quizá no llegue nunca ese día,
quizás él no se fije nunca en esta plaza, en este
aire que nos hace prójimos, que nos empareja, que nos comunica.
Pero no importa; de todos modos, es mi semejante".........
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