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Volumen
4


EDITORIAL
ARMENIOS
A una cuadra de casa estaba el almacén de Don Jacobo. Allí hice mis primeras compras de pibe, me quedaba doliendo la mano de tanto apretar el papel donde mi abuela había anotado la lista de los "mandados" - formando un rollito - pues adentro iban las monedas apretadas, apretadas con ese miedo de perderlas por el camino. Y cuidado con el "vuelto", no podía faltar ni un vintén. Pero yo confiaba en Don Jacobo, en esa "ceguera" de no conocer el dinero, ponía sobre el mostrador, ese arrugado paquetito que iba a "parar la olla" y mi enorme confianza hacia ese hombre que hablaba un español distinto al nuestro.
Dos casas por medio vivían los Cerulo: Doña María, su esposo y seis hijos, dos de ellos, el Tito y el Antonio serían jueces de fútbol en Primera División e Internacionales.
Don Jacobo tenía cuatro hijos: dos mujeres y dos varones, con el más chico éramos muy amigos, teníamos casi la misma edad. No jugaba al fútbol como todos los muchachos de aquella época, jugaba al voleibol en el "Cubo del Sur". Le gustaban los bailes y una noche, en una reunión bailable de carnaval, Carlitos, el hijo de Don Jacobo le dió tremenda páliza al "Loco Paladino", guapo y mentao en el barrio "Tres Esquinas". Después de aquella noche, aquel pibe delgado y taciturno tuvo nuestro más profundo respeto.
En la esquina siguiente, Minesotta y Andrés Bello, el almacén de Don Pano, uno de sus hijos hace años que vive en Nueva York, enfrente vivía Nicolás Falero, goleador del campeonato uruguayo, era la época de la famosa delantera del club Peñarol - a finales de la década del 40 -pero Nicolás jugaba en el glorioso Central. Cruzando la calle estaban el "Pelao" Carlitos, el "Flaco Pirulo", el "Coco" y la Carmen, el más chico todavía no sabía que iba a ser uno de los mejores cantores de tango del Río de la Plata - Alberto Rivero - .
Una cuadra más arriba, Minesotta esquina Táboba, el almacén de Don Jorge, cuatro hermanos,era amigo del Dicrán y del Carlos, hace unos pocos años estuve de paseo en el barrio, al frente del almacén sigue el Carlos, todas las mañanas iba a hacer mis "mandados" y paraba en esa esquina a conversar con viejos amigos de los tiempos pasados y de aquellos "partidazos" del Alto Perú en la Extra e Intermedia .
Camino por la vereda y llegó a Ramallo, otro almacén, el de la Mary, dos hijos, el varón se llamaba Miguel. A la Mary siempre la recuerdo vestida de negro y luchando con la vida a brazo partido, siempre sola. Cubo del Sur y Andrés Bello, dos hermanos inseparables, el Eduardo y el "Paya", el almacén "Cubo del Sur" era de ellos. De ese local salía un cuadro de barrio que llevaba ese nombre, vestía una camiseta de seda azul, atravesándola en diagonal una franja amarilla. Enfrente al almacén estaba la cancha de voleibol y en las noches de verano todo el barrio se juntaba para ver los partidos por el campeonato Federal. La cancha de Basañez siempre se vestía de fiesta los domingos, una tarde jugó un equipo formado por jugadores de una misma colectividad - la armenia - , tenían camiseta roja y jugaban un fútbol muy bueno, la verdad que me impactaron.
"La tragedia armenia: un genocidio impune", es un titular que leí en un periódico hace unos días. Murieron casi dos millones de armenios, fue una masacre que realizaron los turcos, hasta el momento pocos países han reconocido este genocidio.
En Uruguay muchas familias armenias encontraron un refugio, un lugar donde trabajar y criar a sus hijos. Uruguay, pedacito de tierra allá en el sur, que tuviste la inmensa sabiduría de criarnos a todos juntos, con alegría, con el respeto de sentirnos iguales. Hay muchos amigos, muchos nombres, tuvimos que emigrar y lejos de la patria nos hemos reencontrado fuera del país, nos parecemos tanto que lo único que realmente nos separa es la terminación "ian" en los apellidos.
Por :Gualberto Milan |
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