Aņo 1 Numero 12
"Sean Los Orientales Tan Ilustrados Como Valientes"
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Mi Ciudad - Volumen 12

M I C I U D A D
VIEJO BARRIO QUE TE VAS


Collazo y Soliño parados sobre los restos de "la piqueta fatal del progreso..."

En el año 1930 el Barrio Sur pudo haber cambiado su nombre por el de Barrio Triste. Ya era un páramo. El éxodo de los vecinos tantos años afincados ,en aquella costa cargada de recuerdos no se hizo sin dolor y sin lágrimas . Y como el impacto también nos conmovió -que no en balde muchos años de nuestra niñez transitaron felices por aquellas calles ahora desamparadas -, con Ramón quisimos expresarle al viejo barrio nuestra adhesión y nuestra pena con un tango. En enero comenzaron los ensayos.
Una tarde , en el café, Ramón se me acercó y me dijo:

Esta noche hay ensayo ¿Por qué no venís ?......
Mi primer impulso fué buscar un pretexto. Pero no sé que rara entonación me pareció advertir en ese ¿ por qué no venís ? aparentemente banal , que tuve la sensación de que quería decir algo más de lo que expresaba, que la pregunta tenía una intención que era más expresiva que una invitación intrascendente. Y fuí......

En Durazno y Andes , en una de las pocas casas que no había caído todavía bajo la furia de las piquetas, se ensayaba entusiastamente. Como un abanico el coro desplegó el repertorio de esa temporada : una zamba "Buenos días ", un foxtrot
" Madrigal Veneciano y un fado " Fado fadiño", entre aplausos de un público numeroso y enfervorizado que formaban los vecinos sobrevivientes del barrio.

De pronto se hace pedazos el silencio expectante con los compases iniciales de " Adiós mi barrio" y mientras el coro, cantando con la garganta y el corazón, ya es como un presagio del triunfo, un clima de emoción gana el ambiente. Por eso cuando se escuchan las últimas notas el público permanece en silencio, como embrujado. Ni un grito, ni un ademán, ni un aplauso. ¡Pero en todos los ojos brillaba una lágrima como una estrella !. Confieso que yo también me emocioné esa noche; pero, además, tuve una sensación que hasta ese momento no había experimentado nunca: la sospecha de que por primera vez había hecho algo.

El 27 de febrero, antes de que se iniciara el desfile carnavalesco, en un tablado que se levantó a la altura de Ciudadela y la Rambla, con tablones y tanques que prestó la Companía de Gas. Sobre la vieja muralla y cara al mar, la Oxford estrenó oficialmente "Adiós mi barrio ",ante un público de más de 5.000 personas,llegado de todos los barrios de Montevideo y desafiando una llovizna pertinaz que no logró apagar el entusiasmo desbordante...Todo el Carnaval fué una apoteosis. En los tablados, desde muchas horas antes del momento previsto para la presentación del conjunto, ya que no quedaba un claro en la calzada mientras en las calles de acceso continuaban vomitando gente. Una caravana de autos bullangueros seguía al camión de los muchachos todas las noches y recién se desgranaba cuando las primeras horas del día siguiente obligaban a dar por concluída la jornada. Naturalmente, la Comisión de Fiestas le otorgó el primer premio. Cuando ya Montevideo había recuperado su ritmo habitual y apenas quedaban como muestras del reinado de Lametz, algunos trozos de serpentinas flameando más o menos airosamente en un hilo telefónico o en una azotea abandonada y cuando los cuerpos rendidos por una semana de "catanga" carnavalesca comprobaban que volvían las fuerzas perdidas, la direccion de la troupe, para festejar los magníficos triunfos alcanzados, organizó en el Solís un acto de homenaje. Ni qué decir que la sala desbordaba aquella noche. Discursos, flores, canciones. Una euforia total y de pronto uno de los directivos pronuncia mi nombre en el escenario y me ruega que me adelante a recibir una medalla de oro que un numeroso grupo de hinchas de distintos barrios había mandado acuñar para mí.

Durante años la conservé como un trofeo entre los más gratos recuerdos que deja la vida cuando se ha vivido con intensidad y con alegría. Seis años más tarde el pueblo español escribía con sangre la más grande epopeya del siglo luchando heroicamente por sus libertades amenazadas por las oscuras fuerzas reaccionarias del fascismo. " El Espectador", cuya plana mayor integrábamos, era un baluarte del credo republicano. " Oro para España", " Oro para la República" gritaban sus ondas desesperadamente. Y en las esquinas carteles clamaban: "Oro para España", " Oro para la República". Yo quería dar oro para España. Pero no sólo oro metal.

Quería dar otro oro: un oro carne, tierno, sangrante y con pena alegre - sí, con pena alegre - entregué mi medalla. Desde entonces mil oportunidades han tenido los ojos para llenarse de asombro. Sin embargo, cada vez que un puñado de muchachos de los buenos tiempos se reúne para festejar un reencuentro o un grato acontecimiento íntimo, el tinto generoso calienta, entona las gargantas y le cuelga cascabeles al ánimo, la nostalgia se traduce en " Viejo barrio que te vas, te doy mi último adiós, ya no te veré más......

Por: Victor Soliño (Extraído de "Ciudad Vieja, Barrio del Alma")


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