Al fútbol se juega para ganar

Por Gualberto Milan

Me imagino que usted piensa que decir esto está demás. Por supuesto que se juega para ganar. Piensa así, lo siente así porque tiene alma de amateur o porque jugó o vió el fútbol de otra época. Hoy no es tan así, por desgracia para los que amamos a este, el mejor deporte del mundo. El jugador de hoy, los equipos que entran al campo ahora, lo hacen para cumplir. A un técnico hace ya unos cuantos años o quizás a algún periodista  -no hace ninguna diferencia- se le ocurrió decir que el fútbol era un trabajo, el jugador se lo creyó y comenzó el desastre. Imagínese usted que va a trabajar todos los días, llega, marca la tarjeta y comienza a esperar la hora de salida. ¿Le interesa realmente la producción de la empresa o fábrica donde trabaja, la calidad del producto que elabora, si la compañía está perdiendo o ganando? Dentro de un rato irá al baño a fumar un cigarrillo, leer una revista o dormir una siesta. Usted está cumpliendo un horario para recibir un sueldo, cuanto menos esfuerzo haga mejor será, cuanto menos lo vean también.

¿Tomar una decisión por su cuenta?, una locura, nadie se lo exige, para qué comprometerse entonces.

Lo mejor es pasarle la pelota a otro.

Para qué reventarse trabajando si su compañero de al lado gana más que usted y no hace nada. Para que extralimitarse en el esfuerzo, de pronto se lastima y pierde días de ganar su sueldo. Además su capataz, la persona que lo manda, sabe menos que usted de su tarea. Es un arrogante que se cree un dios y recibe las felicitaciones del patrón como si lo hubiera hecho todo él solo. Va a comenzar el partido, el que marca la tarjeta es el juez -dueño absoluto del tiempo durante noventa minutos- pitó y comenzó a rodar la pelota. Un jugador en la defensa corre treinta metros con el balón para entregárselo a un compañero, como un mensajero  entregando una carta. La jugada está a la entrada del área, no hay nadie desmarcado, el delantero debe arriesgar un pase en profundidad, buscar una pared o jugarse en la individual. Ahí es cuando toma el periódico, se lo pone bajo el brazo y se va para el baño. El jugador da la media vuelta y se la pasa a otro que está diez metros más atrás, este a su vez hace lo mismo y de una jugada que estaba a poca distancia del arco contrario, en dos o tres pases termina en las manos de su propio golero. Ahora vamos a comenzar de nuevo, no se apuren muchachos, todos miran el reloj, faltan segundos, el técnico en un arranque de inspiración hace un cambio. El hombre que entra a la cancha tendría que haber entrado jugando este partido, pero lo hace faltando segundos. No importa, él corre hacia el centro del terreno como un vendaval, como para llevárselo todo por delante, si toca una pelota ya será una hazaña. Suena el pito, el juez pide la pelota, terminó la jornada de trabajo y todos vuelven a su casa. ¿Como terminó el partido, cual fué el tanteador, quién ganó?, de los que jugaron muy pocos lo saben, el juez lo debe haber apuntado en algún lado y el técnico está haciendo cálculos con los puntos de los partidos que ya se jugaron y los que quedan por jugar porque de acuerdo a esos números podría estar muy cerca de quedarse sin trabajo. Hace unos días, aquí en la ciudad de Los Angeles se jugó un cuadrangular de selecciones con motivo de ayuda a los damnificados de Centroamérica.

El técnico de uno de los equipos que fueron a la final y la perdió, comentó en sus declaraciones que el resultado no le importaba, él había venido con sus jugadores a un acto de solidaridad y el resultado era secundario.

Suena un poco a excusa, me gustaría saber que hubiera dicho si hubiera ganado. Alla en el barrio teníamos un cuadrito, cada vez que íbamos a comenzar un campeonato, la noche anterior hacíamos una comida y como punto final se levanta nuestro capitán, el “pardo” Juan y con una copa de vino en alto nos arengaba: “muchachos, campeones nosotros, segundo cualquiera“. Eran otros tiempos, otros hombres, cuando el fútbol solamente era un juego y todos jugábamos para ganar.

Alto Perú 1966 – División Intermedia

 

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