Teja Morena y Granate

De España vino la teja morena y granate, que es como el fuego de esa patria cuando se madura, entra en reposo y se hace hogareña. En Grecia, el templo de Apolo estaba cubierto por tejas de mármol. Los romanos hicieron tejas de piedra, como se ve en las viejas construcciones  del Imperio, que llegaron hasta las Islas Británicas. En Francia son tejas de pizarra, de un gris azulado que no tiene vida, porque la vida está en el rojo de la sangre y del fuego. La teja más bella ha sido ha sido siempre la española. Aquí, en nuestro país el barro fue amasado en los tejares  por los propios indios . El capataz los animaba, como a las bestias, con gritos y latigazos. En un ancho foso circular, los indios pisaban – hundiéndose hasta las rodillas – el barro suave. Fino, como para modelar tinajas.

Luego, se sacaban arrobas de barro y las indias con dedos de alfareras, iban modelando teja por teja, dejando la huella de su labor humilde como un signo de una raza vencida. Ahora, cuando el agua golpea sobre los viejos tejados, ahoga las canciones perdidas que dejaron al descuido las mujeres del tejar. Y cuando el ojo divaga sobre los tejados, ve en ellos algo humano, lo mismo que en las vasijas del alfarero.

Aquella humanidad, aquellas voces hondas, se las va llevando el tiempo volador, a medida que los viejos tejados nos abandonan.

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